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miércoles, 12 de agosto de 2009

SIN LÍMITES

Una Mujer de 55 años visitaba a su hijo de 23 en la carcel. El estaba ahí por homicidio culposo ya que había atropellado a un niño al entrar a alta velocidad en una calle en sentido contrario tratando de escapar de una patrulla que lo perseguía por haberse pasado un alto.

Entro al penal completamente destrozado de los huesos y en silla de ruedas ya que, el Padre de la criatura muerta se le fue a golpes, y el Policía - que ya estaba justo detrás - se hizo de la vista gorda y no lo detuvo hasta que casi lo mata... (Bastante lógico no?)

El hijo le decía a la Madre:

- Sabes Mamá, yo no soy un asesino premeditado ni un maldito desalmado, solo que ya concluí que estoy aquí porque APRENDÍ Y ME ACOSTUMBRÉ a romper reglas y a no cumplirlas jamás sin ningún límite.

- Ay hijo!!!, es que de chiquito te ponías taaaan difícil, cada vez que yo te daba una orden o una instrucción, me desafiabas y hacías unos berrinches tales que yo no lo soportaba y te dejaba hacer y deshacer con tal de evitarme conflictos y de que estuvieras calladito y complacido para que tu Papa no me dijera: calla a ese niño !!!.

Desde que tenías 3 o 4 años, cuando yo te decía:

1) Cómete tus verduras para que crezcas sano y fuerte, me decías: Yo no quiero ser sano ni fuerte, no me importa, ¡déjame en paz!

2) Recoge tu cuarto: No voy a recoger nada, así estoy contento, ¡si quieres recógelo tú!

3) No destruyas las cosas, cuídalas: No me importa yo quiero jugar así, y si no me compras cosas nuevas gritaré y lloraré hasta que me las compres.

4) En esta casa se hace lo que yo digo: No Mamá, no lo haré ¡YA NO TE QUIERO y si me hablas así, me voy a ir a otra casa!

Y así siguió la lista interminable de instrucciones y respuestas a lo largo de la vida de este hijo REBELDE y padres PASIVOS… FLOJOS Y BLANDENGUES...

Hasta que el hijo interrumpió a la madre GRITÁNDOLE...

¡¡BASTA YA MAMA!! : SOLO DIME ¿CÓMO FUE QUE SIENDO UN ADULTO LE CREÍSTE Y OBEDECISTE A UN NIÑO TAAAAN CHIQUITO...??

HOY A MIS 23 AÑOS ESTOY DESTROZADO, INFELIZ Y SIN FUTURO, DE NADA SIRVIÓ QUE ESTUDIARA O QUE NO HAYAMOS SIDO POBRES, LE QUITÉ LA VIDA A UNA CRIATURA Y DE PASO LES ARRUINÉ EL RESTO DE LA VIDA A TI Y A MI PADRE!!! LA VIDA EN LA CÁRCEL ES UNA MISERIA...

PREGUNTA:

SI TU HIJO ESTUVIERA A PUNTO DE CAER EN UN PRECIPICIO Y TU LO ESTUVIERAS SOSTENIENDO DE LA MANO: ¿¿¿LO APRETARÍAS CON TODAS TUS FUERZAS O LE DETENDRÍAS LA MANO SUAVECITO PARA QUE NO LE DUELA???

LO MISMO PASA CON LOS VALORES, LA DISCIPLINA Y LAS REGLAS, SÉ RESPONSABLE Y APRIÉTALO FUERTE Y LO SALVARAS DEL PRECIPICIO DE LA VIDA EN SOCIEDAD, PORQUE NADIE A QUIEN ÉL DAÑE CON SU INDISCIPLINA VA A TENER COMPASIÓN DE EL. SI TÚ, QUE LE DISTE LA VIDA Y LO AMAS, NO SOPORTAS SUS BERRINCHES, ¿¿¿QUÉ TE HACE PENSAR QUE LOS DEMÁS LO HARÁN...???

UN GRITO A TIEMPO, UNAS NALGADAS, UN CASTIGO BIEN IMPUESTO, SIN AFÁN DE MALTRATARLOS O HERIRLOS SINO POR "SU BIEN", TAL VEZ DEJE UNA PEQUEÑA HUELLA PERO LOS HARÁ SENTIR SEGUROS Y BIEN CLAROS SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE EL BIEN Y EL MAL. Y A LA LARGA, SABRÁN QUE SI LOS CUIDAS Y LOS EDUCAS BIEN ES PORQUE LOS AMAS Y NO PORQUE TE IMPORTA MÁS TU COMODIDAD Y TU TIEMPO LIBRE.

Psic. Ma. Pilar Silva Aceves


domingo, 26 de abril de 2009

LAS CALIFICACIONES DE JUAN


LECTURA PARA REFLEXIONAR...

Era miércoles, 8:00 a.m., llegué puntual a la escuela de mi hijo.

-No olviden venir a la reunión, es obligatoria-

Fue lo que la maestra escribió en el cuaderno del niño. ¡Pues qué cree la maestra! ¿Cree que podemos disponer del tiempo a la hora que ella diga? Si supiera qué importante era la reunión que tenía a las 8:30 a.m., de aquí dependía un buen negocio y... ¡tuve que cancelarla!...

Ahí estábamos todos, papás y mamás, la maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar.

No recuerdo qué dijo, mi mente estaba pensando cómo resolver lo de ése negocio, probablemente podríamos comprar una nueva televisión con el dinero que recibiría.

-Juan Rodríguez- Escuché a lo lejos.

-¿No está el papá de Juan Rodríguez? -dijo la maestra.

-Sí, sí, ¡aquí estoy!- contesté pasando a recibir la libreta de mi hijo. Regresé a mi silla y me dispuse a verla.

¿Para esto vine? ¿Qué es esto?...

La libreta estaba llena de seis y sietes. Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndola para que ninguna persona viera las vergonzosas calificaciones de mi hijo.

De regreso a la casa aumentó más mi coraje a la vez que pensaba ... ¡si le doy todo! ¡Nada le falta ¡Ahora sí le va a ir muy mal!...

Me estacioné y salí del carro, entré a la casa, tiré la puerta y grité: Ven acá Juan!!!

Juan estaba en su recámara y corrió a abrazarme.

- ¡Papi!-

- ¡Qué papi, ni que nada!- Lo retiré de mí, me quité el cinturón y no sé cuantos latigazos le di, al mismo tiempo que decía lo que pensaba de él.

- ¡¡¡¡ Y te me vas a tu cuarto!!! - terminé.

Juan se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba.

Mi esposa no dijo nada, solo movió la cabeza negativamente y se fue...

Cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa me entregó otra vez la libreta de calificaciones de Juan, que estaba dentro de mi saco y me dijo:

- Léela despacio y después reflexiona.-

Ésta decía así:

LIBRETA DE CALIFICACIONES PARA EL PAPÁ:

JUAN RODRÍGUEZ



Él me había puesto seis y siete...

Yo me hubiese calificado con menos de cinco...

Me levanté y corrí a la habitación de mi hijo, lo abracé y lo besé. Quería regresar el tiempo, pero era imposible.

Juanito abrió sus ojos, aún estaban hinchados por sus lágrimas, me sonrió, me abrazó y me dijo:

-¡te quiero papi!-

Cerró sus ojos y se durmió.

Que duro es ver los errores que se cometen como padres desde esta perspectiva!. Démosle el VALOR a lo que realmente es de valor para todos: Nuestra familia!!!

A continuación, el mismo material en presentación de Power Point.

Las Calificaciones de Juan

viernes, 24 de abril de 2009

EL NIÑO Y LA FLOR

Había una vez, un niño pequeño que comenzó a ir a la escuela. Era bastante pequeño y la escuela muy grande. Cuando descubrió que podía entrar en su aula desde la puerta que daba al exterior, estuvo feliz y la escuela no le pareció tan grande. Una mañana, la maestra dijo:

- Hoy vamos a hacer un dibujo. 

- ¡Qué bien!- pensó el niño-.

Le gustaba dibujar y podía hacer de todo: vacas, trenes, pollos, tigres, leones, barcos. Sacó entonces su caja de lápices y empezó a dibujar, pero la maestra dijo: 

- ¡Esperen, aún no es tiempo de empezar! Aún no he dicho lo que vamos a dibujar. Hoy vamos a dibujar flores.

- ¡Qué bien! -pensó el niño.

Le gustaba hacer flores y empezó a dibujar flores muy bellas con sus lápices violetas, naranjas y azules. Pero la maestra dijo: 

- ¡Yo les enseñaré cómo, esperen un momento! - y, tomando una tiza, pintó una flor roja con un tallo verde. Ahora -dijo- pueden comenzar.

El niño miró la flor que había hecho la maestra y la comparó con las que él había pintado. Le gustaban más las suyas, pero no lo dijo. Volteó la hoja y dibujó una flor roja con un tallo verde, tal como la maestra lo indicara.

Otro día, la maestra dijo: 

- Hoy vamos a modelar con plastilina. 

- ¡Qué bien! -pensó el niño.

Le gustaba la plastilina y podía hacer muchas cosas con ella: víboras, hombres de nieve, ratones, carros, camiones; y empezó a estirar y a amasar su bola de plastilina. Pero la maestra dijo: 

- ¡Esperen, aún no es tiempo de comenzar! Ahora -dijo- vamos a hacer un plato. 

- ¡Qué bien!- pensó el pequeño-.

Le gustaba modelar platos y comenzó a hacerlos de todas formas y tamaños. Entonces la maestra dijo: 

- ¡Esperen, yo les enseñaré cómo! - y les mostró cómo hacer un plato hondo-. Ahora ya pueden empezar.

El niño miró el plato que había modelado la maestra y luego los que él había modelado. Le gustaban más los suyos, pero no lo dijo. Sólo modeló otra vez la plastilina e hizo un plato hondo, como la maestra indicara.

Muy pronto, el niño aprendió a esperar que le dijeran qué y cómo debía trabajar, y a hacer cosas iguales a la maestra. No volvió a hacer nada él sólo.

Pasó el tiempo y, sucedió que, el niño y su familia se mudaron a otra ciudad, donde el pequeño tuvo que ir a otra escuela. Esta escuela era más grande y no había puertas al exterior a su aula. El primer día de clase, la maestra dijo: 

- Hoy vamos a hacer un dibujo.

- ¡Qué bien!- pensó el pequeño, y esperó a que la maestra dijera lo que había que hacer; pero ella no dijo nada. Sólo caminaba por el aula, mirando lo que hacían los niños. Cuando llegó a su lado, le dijo: 

- ¿No quieres hacer un dibujo? 

- Sí -contestó el pequeño-, pero, ¿qué hay que hacer? 

- Puedes hacer lo que tú quieras - dijo la maestra. 

- ¿Con cualquier color? 

- ¡Con cualquier color - respondió la maestro-. Si todos hicieran el mismo dibujo y usaran los mismos colores, ¡cómo sabría yo lo que hizo cada cual!

El niño no contestó y, bajando la cabeza, dibujó una flor roja con un tallo verde...


viernes, 6 de febrero de 2009

LA VASIJA

El Maestro cogió una vasija grande y piedras de diverso tamaño y preguntó:

¿Cuántas piedras pensáis que caben en la vasija?

Los alumnos hicieron sus cálculos y el Maestro comenzó a introducir las piedras hasta que llenó la vasija y preguntó:

¿Está llena?

Los alumnos asintieron, pero ante su sorpresa el Maestro sacó otra vasija con piedrecitas de gravilla, introdujo esta gravilla en la vasija grande y la agitó penetrando esta en los espacios sin cubrir. El Maestro con una sonrisa irónica preguntó:

¿Está llena?

Ahora, los alumnos dudaron. El Maestro dijo, tal vez no y a continuación cogió otra vasija con arena y la volcó en la vasija grande, la arena se filtró por los más pequeños recovecos.

¿Está llena?

Preguntó el Maestro. Los alumnos ante el fundado temor a equivocarse, dijeron no. ¡Muy bien! Exclamó el Maestro. Entonces sacó una vasija con agua y la comenzó a verter en la vasija grande llenándola aún más, pero la dejó ligeramente sin llenar

¿Cuál es la enseñanza de esta historia y cuál su interpretación?

La vasija grande es nuestra persona en la cual introducimos las piedras grandes, éstas son el Arte Marcial que practicamos asiduamente, pero debemos de llenarla con otras vasijas, con otros contenidos, es decir; con otras Artes Marciales para intentar llenarla lo máximo que podamos para asimilar las más diversas enseñanzas, pero aún así, aunque le dediquemos nuestra existencia siempre quedará ligeramente sin llenar, aún a sabiendas de esto, debemos de intentar que llegue hasta el borde, que rebose.

Nuestra meta es que nuestra vasija llegue a rebosar.

sábado, 3 de enero de 2009

EL TAZÓN DE MADERA

El abuelo se fue a vivir con la familia de su hijo el señor Raúl, su esposa Rosa y el pequeño Juanito de cuatro años, su nieto; al pobre viejo las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos no eran firmes.


La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del abuelo hacían que la hora de comer fuera un asunto difícil. La comida caía siempre de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.

 

Raúl y su esposa se cansaron de la situación. -Tenemos que hacer algo con el abuelo-  dijo Raúl, -Ya  he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo-. Mientras el abuelo escuchaba y permanecía en silencio.

 

Raúl y Rosa decidieron poner una pequeña mesa en una esquina retirada del comedor; ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba sentado ahí solo.

 

Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos regaños y llamados de atención cada vez que el viejo dejaba caer el tenedor o tiraba la comida al suelo.


Juanito sólo observaba todo en silencio.

 

Una tarde antes de irse a dormir, Raúl observó que su pequeño hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo, entonces le preguntó al niño de manera interesada: "¿Qué estás Haciendo?”, y con gran dulzura el pequeño le contestó: “Mira papi, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos". Juanito sonrió y siguió con su tarea.


Las palabras del pequeño dejaron al papá sin aliento y con gran impresión, y aunque ninguna palabra se dijo al respecto, mamá y papá sabían lo que tenían que hacer. 

 

Esa tarde, Raúl tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta  a la mesa de la familia. Desde entonces, todos los días el abuelo ocupó un lugar en la mesa con la familia, ni Raúl ni Rosa parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.